Mickey Mouse, entre los peatones de la Calle Mayor de Guadalajara el 11 de diciembre de 2020. (Foto: La Crónic@)
Mickey Mouse, entre los peatones de la Calle Mayor de Guadalajara el 11 de diciembre de 2020. (Foto: La Crónic@)

Esto no es la Puerta del Sol. Después de un viernes de llovizna en la Calle Mayor, Mickey Mouse habrá comprendido que Guadalajara no es Madrid. Ahí le tienen, a pie firme, rostro impasible, rictus inmutable… mientras los peatones agachan la cabeza; más que por no verle, por no mojarse.

Lo de ofrecer a la lluvia el cogote antes que la faz de cada cual es un atavismo de difícil explicación. ¡Como si fuéramos a mojarnos menos por ponernos en ángulo negativo de 15 grados, mirando el suelo como si en ello nos fuera la vida y no sólo el equilibrio!

En el caso de la capital alcarreña, lo de atender a los resbalones es prudencia más justificada que en otras ciudades a poco que se moja el pavimento, ya sea este o el más canalla de todos los suelos canallas, que es la pizarra del Paseo de las Cruces.

Pero eso no le importa a Mickey, que no se mueve de debajo de la ventana donde hace décadas se asomaba el señor Aguado, cuando la gestoría originaria.

El único movimiento eterno es el movimiento inmóvil. Va a ser por eso que los demás tampoco avanzamos mucho más que ese muñeco que, por alguna extraña razón, ha caído por Guadalajara un viernes de lluvia y melancolía. Si nos riéramos de él nos estaríamos riendo de nosotros mismos.

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