Las seis monjas que aún quedan en la clausura del convento cisterciense Santa Ana, en Brihuega, resaltan con buen humor que tienen "toda la casa" adornada de decenas de belenes estos días navideños, muchos de ellos confeccionados por ellas mismas. Para Nochebuena abandonarán por un rato su voto de silencio para cantar villancicos y tomar turrones, polvorones, y hasta algún "vinillo dulce".

Así lo prevé la madre abadesa, Sor Isabel, para quien lo importante es que todas estén juntas estos días. Ahora solo quedan seis en el convento; ella es la más joven y ya tiene 70 años; la mayor, Sor María Socorro, va por los 97 y estos días ha sufrido una fisura de pelvis, que la tiene dolorida.

"Gracias a Dios, estamos muy contentas porque vamos a estar todas aquí, en casa, y eso es lo principal", persevera Sor Isabel pese a reconocer que esta Navidad será un poquito más complicada ya que Sor María Socorro tendrá que pasarla en cama; sin embargo, cuentan con la ayuda incondicional de Uge y Alicia, dos vecinas de Brihuega que las ayudan en todo lo que pueden.

Su Nochebuena es algo diferente a la del resto, de eso no hay duda. Por de pronto, cenarán, como siempre, a las siete de la tarde; este año, posiblemente, sopa de pescado y algo de carne que les han regalado.

Después de la cena, tanto Sor Socorro como Sor Amelia, las más delicadas de salud y también las más mayores, se quedarán en cama; el resto, rezarán el oficio de lecturas o laudes y adelantarán la Misa del Gallo a las nueve de la noche. Una misa en la que romperán por unos momentos el silencio y cantarán villancicos delante del Niño Jesús que suelen poner en el altar.

Algunos vecinos no se olvidan en esta fecha de pasar a visitarlas, por lo que habrá también ocasión para tomar algunos dulces y también "algún vinillo" porque "tenemos un poquito de recreo", afirma Sor Isabel entre risas y con una paz que se deja notar en su modo de hablar. El día de Navidad sí que pondrán la televisión, porque quieren ver la bendición papal y recibirla, aunque sea a distancia.

En la actualidad, en la provincia de Guadalajara permanecen abiertos unos 15 conventos de clausura situados en puntos como Pastrana, Sigüenza, Valfermoso de las Monjas, Yunquera de Henares o la propia capital. En muchos de ellos, como es el caso de Brihuega, apenas quedan monjas ya, de ahí que estas hermanas ya estén pensando en distintas propuestas de cara a un futuro diferente, que esperan todavía no llegue.