Durante muchos años, hasta conseguir su demolición en los inicios de la Transición, el empeño de miles de personas en Madrid fue acabar con el «scalextric» de Atocha, un aparatoso estorbo levantado en la época de Arias Navarro como alcalde de la capital de España.

Ahora, en Guadalajara, el Ayuntamiento de la capital alcarreña insiste en su afán por levantar un tinglado equivalente, que cambiará de forma radical la calle Cardenal González de Mendoza. La diferencia es que aquí se quiere construir no para aliviar el tráfico rodado sino para aprovechar los fondos de la Unión Europea con pretendidas ventajas para los peatones. Una de ellas, a la vista de la idea, será que algo de sombra ganarían frente a la situación actual los que estén a cubierto, abajo. Y tendrán un cobijo para los días de lluvia, aunque no los que transiten por arriba. ¿Sale a cuenta?
Por de pronto, la Junta de Gobierno Local de este martes ha aprobado el expediente de contratación para la ejecución de las obras –»de humanización» las llaman»– en la calle Cardenal González de Mendoza junto al Santuario de la Virgen de la Antigua.
El proyecto tiene un coste estimado de más de 8,5 millones de euros. Se justifica por «la ampliación de las zonas peatonales, la creación de nuevos espacios estanciales, la renaturalización del entorno y la incorporación de soluciones que favorezcan una ciudad más segura, verde, habitable y accesible para vecinos y visitantes».

