La plaza de toros de El Torreón se prepara para vivir el próximo lunes, 7 de septiembre, una de esas tardes que quedarán vinculadas para siempre a la historia taurina de Pareja.
Francisco Javier Sánchez Vara regresará al coso en el que comenzó a entrenar siendo apenas un niño para compartir, por primera vez en su pueblo y mano a mano, cartel con su hijo, el novillero Rubén Vara.
El festival taurino sin picadores comenzará a las 18:30 horas y contará con cuatro novillos de la ganadería Torrenueva, dos para cada uno.
El festejo hace realidad, además, un proyecto que el Ayuntamiento de Pareja venía preparando desde hace meses. El alcalde, Javier del Río, y el propio Sánchez Vara lo anunciaron públicamente el pasado mes de mayo durante la presentación en Guadalajara del libro ‘Sánchez Vara. 25 años de alternativa: valor y verdad’, escrito por Francisco Larrad. Del Río anticipó entonces que sería «un día muy bonito para Pareja, para los aficionados y para toda la familia».
El Torreón, donde empezó todo
La elección de Pareja convierte la tarde en algo especialmente significativo. Sánchez Vara mantiene una relación con El Torreón que se remonta prácticamente al comienzo de su vocación taurina. Allí acudía siendo niño a pedir las llaves para entrenar y allí dio algunos de sus primeros muletazos. «Para mí tiene un valor sentimental incalculable, porque mis primeros muletazos al aire fueron por allí», recuerda. Pareja continúa siendo el pueblo de su madre, de su familia y de muchos de sus amigos, además del lugar en el que sus hijos han pasado buena parte de sus veranos. «Cada vez que han televisado alguna corrida y dicen «Sánchez Vara, el torero de Pareja», qué alegría me da. Que conozcan al pueblo también por mi carrera como torero, me alegra muchísimo», señala.
Es una historia que el propio Javier del Río conoce desde sus comienzos. El alcalde recordaba en la presentación del libro al niño que entrenaba en El Torreón y glosaba la trayectoria del matador con las palabras que dan título a su biografía. «Valor y verdad resumen perfectamente lo que es Javier Sánchez Vara». Para Del Río, supone además un orgullo que el torero haya llevado «el nombre de nuestro pueblo y de Guadalajara allá por donde ha toreado».
Ese vínculo encuentra ahora continuidad en Rubén Vara. Sánchez Vara observa en su hijo una evolución importante y destaca su «valor natural», su gusto toreando y, especialmente, una capacidad para conectar con el público que considera difícil de enseñar. Padre y torero se mezclan inevitablemente, aunque Javier procura respetar la personalidad de Rubén y limitar sus consejos fundamentalmente a cuestiones técnicas.
La competencia familiar tampoco faltará. Serán cuatro novillos, dos para cada uno, y Sánchez Vara anticipa con humor sus intenciones. «Él irá a estar bien y yo iré a enseñarle quién manda». Pero el deseo para el final de la tarde es otro. Que los novillos embistan, que ambos puedan expresar el toreo que tienen en la cabeza y, sobre todo, «que la gente salga de la plaza contenta».

