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Ataque a LA CRÓNICA

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Los piratas ya no son lo que eran. No sólo porque hayan dejado la pata de palo metida en el armario desde hace al menos tres siglos, sino porque sus usos y maneras son bien distintos.

El hacker de hoy parece enfrentarse tanto al mundo como a sí mismo, en su empeño por hacer daño a cualquiera. Con más interés, si cabe, cuanto más protegido está su objetivo, como es el caso.

LA CRÓNICA sufrió este lunes, 27 de julio de 2026, un ataque informático cuyas consecuencias pudieron percibir bastantes de nuestros lectores entre las siete de la tarde y la medianoche. Fueron varias horas de acometidas continuas para tumbar, y mantener caído, el servidor del diario. Gracias a los esfuerzos de Oondeo, la diligente empresa que presta servicios técnicos al periódico, la normalidad terminó por restablecerse.

Por comparación, esas pocas horas en las que estuvo rota la conexión entre LA CRÓNICA y sus lectores resalta la importancia del lazo invisible que nos une cada día, y a cualquier hora, a miles y miles de personas con la información como argumento.

De otro tipo de ataques más cotidianos, contra esta casa en particular y contra el periodismo independiente en general, quizá también habría que hablar. No lo haremos, porque no somos de queja fácil cuando se trata de esa clase de asuntos, unos «gajes del oficio» que de algún modo nos han acompañado y nos han fortalecido desde hace 27 años. Quienes intentan dañar, desde algunos despachos, ya saben lo poco que consiguen.

Disculpas pues, por la incidencia, y nuestros mejores deseos de que el verano que tantas noticias preocupantes ha traído hasta ahora nos permita publicar muchas más y mucho más optimistas a partir de ahora, en esta canícula tan extraña de 2026.

Ustedes y nosotros estamos unidos, por encima de los sobresaltos. Gracias por eso y por su confianza.

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