Augusto González Pradillo.

García-Page es único e intransferible… y eso que son dos. Es su hermano Javier el que lleva con santa paciencia lo de ser mellizo del político, tan idénticos ambos que la cosa genera confusiones allá por donde pasa. Así ocurrió días atrás en el tendido del 6 en la plaza de toros de Guadalajara y así le ocurre, día sí y día también, en las calles de Toledo. Pero Emilianos solo hay uno, cifra que a algunos de sus compañeros del PSOE ya les parece excesiva.

En Guadalajara tuvo que ser que se muñera la entrevista de la polémica, la del diario «El Mundo». Hubo un tiempo en que los periodistas de la Alcarria tenían fama en toda la región por ser los más incisivos de toda Castilla-La Mancha en las ruedas de prensa. La flojera de piernas no era general, pero sí que se daba entre los cargos públicos más inexpertos. Page siempre vino con la armadura puesta, incluso en su más tierna juventud, cuando ya portavoceaba las cosas de Bono, su presidente y notoria referencia. El arriba firmante se las tuvo tiesas con aquel García-Page, uno con alguna cana menos y el otro con el pelo más enhiesto, durante una comparecencia en la Delegación de la Junta, cuando aún estaba en la Plaza de San Esteban, en ese caserón que no hay quien compre por más que se ponga en venta. Pero aquello, el cruce de preguntas y repreguntas con creciente tensión en el ambiente, terminó en off the record en la esquina de la sala y un hasta luego, que ha durado décadas.

El día en que los Reyes de España inauguraban el todavía gestante Hospital, ese que nunca se termina de parir, Jorge Bustos procedió a entrevistarlo y Antonio Heredia a fotografiarlo. El sonriente retrato de la página 9 del diario madrileño del pasado lunes está hecho en los alrededores de la Estación de Autobuses (esa que, también, algún día habrá que arreglar) aunque la abertura de diafragma sea tan radical que no deje ver el detalle.

En un ejercicio de justicia poética, los protagonistas de la polémica se vinieron a Guadalajara, donde tanto se ejerció el periodismo crítico. Ahora, alguno de los que mandan, te reprochan el colmillo retorcido a las primeras de cambio, como si eso no fuera de suyo en el oficio de ambas partes. Y lo hacen con tanta desenvoltura como innecesaria franqueza. A pocos se lo dirán.

En lo tocante a Page, los aspavientos llegan desde Madrid trufados de cinismo. El presidente de Castilla-La Mancha quiere seguir siéndolo y para eso recurre a la clave de su éxito anterior: mimetizarse con el paisaje. Victoria Prego escribía sobre eso este martes con acierto, con lo cual ya está todo dicho.

Criticar una supuesta incoherencia de García-Page (Emiliano, no Javier) es no haberse mirado ni por un minuto la hemeroteca del político castellanomanchego, que lleva ya unos cuantos kilómetros a las espaldas del coche oficial. Está en la estela de José Bono, como cualquiera comprende, porque el albaceteño fue el primero en entender lo que es sociológicamente este región. El de Salobre se atrincheró en su sillón toledano pateándose las cinco provincias y ejerciendo de español. ¿A qué les suena eso?

Pedro Sánchez es hoy, y más lo será mañana, un lastre electoral para los suyos, que tienen que vérselas con los electores en mayo de 2023. Esa es la madre de este cordero y la de todos los cabritillos, tan soliviantados.

El político que no gana elecciones está condenado a ser poco más que un tertuliano de barra de bar, porque hasta de las televisiones dejarán de llamarle. Ese es el pragmatismo que mueve a García-Page, que al menos no pierde el foco de los comicios mientras que otros están apenas a evitar ser apuñalados –confiemos que sólo metafóricamente– en los pasillos monclovitas o ministeriales por sus dizque amigos. La deslealtad, ya se ve, no bebe del Tajo.

Uno intuye que los sondeos internos no deben propiciar el optimismo para el socialismo patrio cuando estamos en el relato de este paisaje bélico, tierra quemada con carácter preventivo. O dicho de otro modo, que Page se la juega en el filo de un cuchillo frente al PP y Vox.

Cuchillos, precisamente, que ya vuelan por la política española con más profusión que aviones en Barajas. Y sin controladores aéreos capaces de organizar un poco esto para evitar desgracias.

Normal que el que pueda se quiera salvar. Como Page, que sigue su camino.


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