Algunos lo vieron como la confirmación de que Guadalajara se unía a la cadena de protestas que en varios puntos de España clamaban a disturbio batiente contra el toque de queda. No llegó a tanto.

Más bien no llegó a casi nada. Los escasos concentrados cerca de la medianoche del sábado en el centro de la ciudad se toparon con agentes de Policía Nacional y Policía Local, con lo que la algarada fue más relevante por las detenciones habidas, cuatro, que por los hechos consumados.

El desahogo, que se preveía violento en línea con el resto de convocatorias en España, sirvió esencialmente como motivo de conversación en las tertulias del domingo.