Los respiraderos de la Plaza Mayor llevan lustros sirviendo de toboganes para los más pequeños, hasta ahora. (Foto: La Crónic@)
Los respiraderos de la Plaza Mayor llevan lustros sirviendo de toboganes para los más pequeños, hasta ahora. (Foto: La Crónic@)

Se diría que pocas cosas más pueden pasar ya en este tórrido verano del 2022, entre chinos que lanzan misiles, rusos que bombardean Ucrania, ucranianos que se defienden, pistas de aterrizaje que se derriten en Inglaterra, productores de petróleo que se enriquecen, empresarios que reajustan todo su catálogo al alza y políticos autóctonos empeñados en cabrear al personal más allá de cualquier límite soportable. Pero, sí, aún es posible que ocurra algo más.

La consecuencia más inesperada del calor de este verano, con sus insoportables y altas temperaturas, la encontramos desde este viernes en la Plaza Mayor de Guadalajara. A partir de que una promotora, luego quebrada, horadara el subsuelo para construir allí un parking subterráneo, el punto más céntrico de la capital alcarreña se confirmó como asfixiante paradigma de lo que en España se entiende por plaza dura. Basta asomarse y comprobarlo cualquier día de solanera, sin sombra en la que cobijarse que no sea la de los pocos soportales decimonónicos que aún perduran.

Eran los de la neoplaza los tiempos del acero cortén en cualquier proyecto que se preciara, incluido este, firmado por un conocido arquitecto local. Para los respiraderos, ideó algo que fuera distintivo, no una simple malla y de ahí nacieron lo que todos los niños de Guadalajara conocen como sus toboganes favoritos, lustrados de tanto uso. No se diseñaron para ese propósito, pero los culos infantiles se han deslizado por sus irregulares lados de forma constante desde hace lustros… hasta hoy.

La queja de unos padres ha llevado al Ayuntamiento de Guadalajara a clausurar estos tres elementos de recurrente ocio callejero para los más pequeños, a causa del alarmado testimonio de esos progenitores. Según han confirmado fuentes municipales a este paseante, el pequeño se quemó al deslizarse por la superficie metálica, calentada en estos días como lo lleva haciendo todo el verano y como ha ocurrido durante todos los veranos desde que se instaló, hasta ahora sin tan drásticas consecuencias.

A esperar, pues, cuál será la siguiente consecuencia del torrefactado al que nos está sometiendo esta canícula, impenitente y canalla, que afecta tanto a los culos como a las cabezas.

Uno de los tres respiraderos de la Plaza Mayor, mandados clausurar por el Ayuntamiento en agosto de Guadalajara para evitar daños infantiles y quejas paternas. (Foto: La Crónic@)
Uno de los tres respiraderos de la Plaza Mayor, mandados clausurar por el Ayuntamiento en agosto de Guadalajara para evitar daños infantiles y quejas paternas. (Foto: La Crónic@)

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