Mascarilla como prevención contra el coronavirus.
Mascarilla como prevención contra el coronavirus.

Los dentistas se están relamiendo ante la certeza de que pronto dejaremos el rostro entero al descubierto, con lo que la necesidad de reponer las piezas ausentes quedará de nuevo a la vista, para vergüenza nuestra y castigo de nuestros bolsillos.

La felicidad odontológica es inversamente proporcional a la de los fabricantes nacionales de mascarillas que, después de importar maquinaria y material de China para vender como propios los cubrebocas rematados en España, ven que el negocio ya no va a ser tanto como era hasta ahora.

Desde el 26 de junio de 2021 volveremos a sonreír al cruzarnos por la calle. Eso es lo relevante, aunque nunca habíamos dejado de intentarlo.

A la vuelta del confinamiento en nuestros domicilios hicimos de la mascarilla nuestra más fiel compañera. Gracias a taparnos la poco santa faz nos descubrimos de otro modo: la gente con la que nos cruzábamos tenía ojos. Y la mayor parte de esos ojos eran hermosos, como ya quedó escrito en esta misma columna en septiembre de 2020.

Por orden de la autoridad, los feos volveremos a ser feos a cara descubierta. Ya no nos quedará el consuelo de que una sonrisa esbozada bajo la FPP2 nos iluminase los ojos y nos alegrara el poco rostro que teníamos en exposición pública… hasta hacerlo pasar por más agraciado de lo (poco) que es. Así ha ocurrido con la inmensa mayoría, sírvanos de magro consuelo.

Nos metieron en casa y volvimos a las calles. Nos taparon la cara y pronto mostraremos la mejor y más guardada de nuestras sonrisas. Los cursis que tanto abundan le llaman a eso resiliencia, cuando en realidad es el empeño humano de sobrevivir a toda costa.

Hemos convivido con y contra la adversidad, aunque ni aun así tengamos una idea clara de pertenecer todos a una misma sociedad. Eso queda para otras naciones. Lo que el virus ha unido no debiera separarlo el hombre, pero en España no nos ponemos de acuerdo más que para despotricar contra la selección de fútbol y su entrenador. Será que nos lo merecemos.

A pesar de esos pesares, la vida sigue. Por eso te dedicaré mi mejor sonrisa cuando me cruce contigo por la calle. Ahora la verás, después de más de un año de tenerla guardada. Es para ti. Es para todos.

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