Una rata muerta en la Plazuela de Don Pedro el 12 de marzo de 2021. (Foto: La Crónic@)
Una rata muerta en la Plazuela de Don Pedro el 12 de marzo de 2021. (Foto: La Cró[email protected])

Ahí la tienen, de cuerpo presente. Es una rata, como bien se ve. Y está muerta, como se aprecia porque no sale movida en la imagen del fotógrafo de LA CRÓNICA. No ha habido que irse muy lejos para conseguir el testimonio gráfico: apenas una treintena de metros desde la Redacción del periódico. 

La estampa de ese roedor en la Plazuela de Don Pedro, a tiro de piedra del Ayuntamiento, nos devuelve unas cuantas décadas atrás, cuando la infestación de la ciudad por estos roedores constituía un problema estético y sanitario a partes iguales. En los albores de la Transición, ratas como conejos campaban a sus anchas por el Cerro del Pimiento, en las escombreras dejadas al construir los primeros bloques de viviendas del Polígono del Balconcillo.

Andando el tiempo, nos fuimos olvidando de ellas, porque no asomaban y los de por aquí ya éramos unos españoles más altos, más guapos y más europeos que aquellos imberbes que las mataban a cantazo limpio, casi como un ruto iniciático de la adolescencia.

Pero las ratas seguían allí.

Que ahora podamos hacer de un bicho como este noticia de portada en una capital de provincia del siglo XXI es para hacérnoslo mirar. quizá de periplo por las alcantarillas y con raticida en la mano, si es que se quiere solventar en su raíz. O con un más diligente servicio de limpieza, que tampoco está de más.

La rata está ahí. El que tenga algo que hacer con ella ya está tardando.

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