El centro de Guadalajara está siendo testigo de la llegada de unos extraños artilugios. Unos más, que de eso ya vamos teniendo experiencia en esta capital.
Se han colocado a lo largo de la calle más transitada, con aparente organización y geometría como si tuvieran inteligencia y vida propia. Van por parejas, aunque no son la Guardia Civil. Tienen un aspecto más intimidante que los agentes de la Benemérita, sin duda.

¿Estamos ante la llegada de los extraterrestres? Desde que los libros de Erich von Däniken fueron quedando descatalogados al mismo ritmo que los ovnis desaparecían de los cielos, la creencia en los marcianos ha menguado bastante. Esto podría reactivarla, al menos en la credulidad de algunos.
Los lectores de LA CRÓNICA deben saber que «eso» tiene una utilidad mucho más prosaica: son jardineras. De diseño más que cuestionable, pero destinadas a contener flores… al menos hasta que algunos vecinos se las lleven a casa. Como bien sabemos, algunos creen que las jardineras que pone el Ayuntamiento son en realidad expositores para alegrar gratis la casa propia cabreando al resto de los convecinos con robos tan cutres. Ya veremos si se mantiene la «tradición».
Para evitarle síncopes, sofocos, sobresaltos y patatuses al personal, los operarios se han dado prisa y ya el viernes por la mañana habían llenado tan singulares soportes con una frondosa vegetación floral. El resultado, y el cambio, es ciertamente llamativo:



Este chismorreador ha preguntado y ya puede confirmar que, para tranquilidad de todos, el riego de las flores no se hará con alta tecnología sino mediante riego manual, dependiente del celo de los operarios de la contrata de Jardines.
De este modo, es más probable que esos singulares arriates verticales prosperen y no ocurra como con los sombrajos del concejal Morejón, que están en trance de secarse a las pocas semanas de instalarse.
Esto que ahora tenemos ante los ojos, y que no viene de Marte sino de algún proveedor del Departamento de Compras del Ayuntamiento de Guadalajara, se llama técnicamente «torres florales». Son 10, repartidas entre Santo Domingo y la Plaza Mayor.
Tuvieron precedentes, bien distintos.
Adiós a las jardineras de Sara Simón
Hace cinco años ya ocurrió algo similar, en la misma zona. Es la ley de la evolución local, según parece: cada lustro: cambio de jardineras.
Las antiguas habían sido sustituidas por otras, mucho más coloridas, sin flores pero en Technicolor.
El gresite multicolor que las recubría mereció comentarios de todo tipo. Eran los tiempos de la Guadalajara viva, ya saben.
Los arbolitos lo tuvieron complicado para crecer y más aún para prosperar, teniendo que cambiar hasta de especie vegetal hasta su derrota final.




