Augusto González Pradillo.

Antes, cuando el mundo era otro y aún no existía «Sálvame», raro era toparse con un ser humano que no esbozara versos sobre una cuartilla, en algún momento de su vida. Hoy, el texto y el contexto es muy otro. Las cosas de la entrepierna, que solían ser el fundamento más frecuente de aquella lírica de antaño, se resuelven obscenas a todas horas, ante las cámaras. Sin poesía.

A Jesús Orea, que ha hecho mucho de todo y casi siempre con acierto, hay que reconocerle el mérito de publicar sus devaneos poéticos al borde de la jubilación laboral. Ya no está en la mocedad, aunque a veces se comporte como un chaval. Sus poemas se libran, por lo tanto, de las efusiones adolescentes y de los ardores ideológicos. El tiempo redondea el buen vino y sólo avinagra al de peor condición. Tal cual ocurre con las personas, dicho sea de paso.

«Suite Comillas» viene a poner en los anaqueles parte de la vida más íntima de este alcarreño que, al igual que bastantes otros, ha encontrado refugio ocasional en Cantabria, esencialmente cuando toca huir de los estíos castellanos.

Orea, «el Suso» de sus amigos, es más humilde de lo que su volcánico carácter a veces aparenta. Y lo es hasta el extremo de haberse dejado acompañar en esta nueva aventura editorial por las fotografías de Nacho Abascal y los dibujos de David Pasamontes y de Ana Orea, su hija. Todo embellece la obra. Una decisión cabal, además de inteligente.

Más allá del contenido de este volumen, que el lector administrará y disfrutará como mejor le pete, lo que importa aquí y ahora es trazar homenaje a Jesús Orea y a cuantos, como él, se han atrevido a pisar Guadalajara sin titubeos. Hay que afirmarse en que eso no es sólo posible, sino imprescindible para conseguir que esta ciudad y su provincia no se desvanezcan como un triste sueño. De medrosos anda el mundo sobrado y esta provinciana capital, cada vez más.

Jesús Orea representa como pocos un tipo de guadalajareño fecundo, empeñado en ser y en hacer, en primer persona del singular pero sin desdeñar el plural cuando los intereses comunes lo propician. Un altruismo cívico cada vez más raro en estos tiempos en que algunos se llenan la boca con sus constantes alusiones a esa entelequia llamada ciudadanía.

Hay que echarle valores para escribir poesía en este azaroso siglo XXI. Orea, que ni está solo ni es cobarde, sigue empeñado en nadar contra corriente. Por eso, y por la capacidad que atesora de ser amigo de sus amigos, es un placer verle, saludarle, leerle y escribirle.

Cosas dignas de Guadalajara, la ciudad que pudo ser y va dejando de serlo.

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