Un placer a prueba de COVID: las terrazas bajo el sol del otoño. (Foto: La Crónic@)
Un placer a prueba de COVID: las terrazas bajo el sol del otoño. (Foto: La Crónic@)

Dicen que en el Ministerio de Sanidad están dispuestos a hacer algo por la salud de los españoles frente al coronavirus. Sería una sorpresa, pero quién sabe… después de tantos meses, igual hasta lo consiguen. Como español acostumbrado a los que nos gobiernan, este paseante no espera que salga nada original de ese añoso edificio del Paseo del Prado, por donde aún puede que ululen por las noches los fantasmas del sindicalismo vertical del franquismo, que es para lo que se construyó.

Ministerio de Sanidad, en Madrid. (Foto: La Crónic@)

Mientras Illa, Simón y su cohorte de especialistas ignotos se ponen de parto y alumbran un ratón, el paciente celtibérico que todos escondemos en nuestro interior busca refugio a pleno sol. Al pleno sol, tibio y en trance de extinción, que permite el otoño de este hemisferio.

Puestos bajo la expuesta protección de una terraza, con periódico en papel, café y tiempo para disfrutarlo, es posible sobrevivir al coronavirus e incluso soportar sin pulsiones asesinas a todos los (des)gobiernos que nos pongan por delante.

La felicidad se compra en España por los 1,30 euros de un café, cuando el sol acompaña.

Ya han filtrado en estos días a algunos medios que Illa, Simón y su cohorte de especialistas ignotos están pensando prohibir el consumo dentro de todos los bares y restaurantes, por joder al virus y, sobre todo, por joder a los clientes mientras arruinan definitivamente a los hosteleros. Hasta ahí llegan estos, no más allá, en su capacidad de organizar al ejército de pollos descabezados que desde las 17 autonomías patrias han ayudado de forma impecable al COVID-19 a alcanzar sus objetivos aniquiladores por tierra y, sobre todo, por aire.

Si pudiera, se lo explicaría a  Illa, Simón y su cohorte de especialistas ignotos alrededor de la mesa, en esta terraza, porque seguro que con todos ellos no superaríamos el número máximo que ahora se permite para una reunión en esta o en cualquier otra ciudad. Cuánto cuajo, por Dios, para tan poco resultado.

Pero ya que no vienen ni se les espera, te lo escribo a ti, que ahora me lees.

Aprovecha el sol y cómprate tu propia ración de sol y felicidad mientras el tiempo lo permita. Para ti y para aquellos con quien quieras compartirla. Saldrás ganando mucho más de lo que pagas por el precio de tu consumición.

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