Preparados para los viales de la vacuna de AstraZeneca en las instalaciones de Chemo en Azuqueca.
Viales de la vacuna de AstraZeneca.

Alguna ventaja tenía que tener lo de haber crecido en una tierra recia y castellana como esta, donde nada se desperdicia.

En todas las provincias conocidas hoy como Castilla-La Mancha estamos acostumbrados a eso que nuestros vecinos extremeños también practican y que ellos llaman condurar. En el estirar las cosas con medida llevamos más que siglos, milenios a todo lo largo del Tajo.

Van muchos siglos, sí, de aprovechar los restos de la comida para hacer joyas culinarias el día después; convertimos en excelsas las sopas de ajo, que son la mayor aproximación gastronómica a ese complicadísimo concepto de “vacío cuántico” que los físicos aún intentan demostrar… porque ellos nunca han sabido aprovechar tan bien como nosotros el pan de antes de ayer. Entre ciencia y tecnología, ni siquiera el lavavajillas lo tuvo fácil, por innecesario, de relimpios que siempre han quedado los platos en nuestras casas, bajo amenaza de sopapo certero si tu madre veía una sola brizna de huevo dejado sin rebañar.

Así las cosas, como para extrañarse que en esta tierra, inhóspita a veces, desagradecida muchas otras, le hayamos dado la vuelta a la angustia de la falta de vacunas y conseguido la multiplicación de las existencias a fuerza de exprimir los viales. Ni siquiera Jesucristo, con ser Dios, se anduvo con tantos miramientos: cuando dio de comer a la multitud lo hizo a las bravas, con panes y peces que salían de milagro y sin medida. En Castilla-La Mancha, no… aquí las dosis han salido rebañando el culillo mejor que nadie.

El dato lo ha hecho oficial este martes el Ministerio de Sanidad. Según su estadillo, esta Comunidad Autónoma es la que mejor ha aprovechado las dosis entregadas por Pfizer y por Moderna: de las 84.635 dosis teóricas se han extraído 88.888 dosis finales. Es un número que nadie compraría si lo viera en un décimo de la Lotería, pero habida cuenta la carencia presente de vacunas, mejor así que no de otra manera.

Los sanitarios del SESCAM se las han apañado, por tanto, para aprovechar hasta la última gota y aplicar ¡¡¡el 105 por ciento!!! de vacunas.

Ojalá nosotros supiéramos estirar del mismo modo nuestros magros sueldos hasta el final de mes. Y ojalá, claro, que se nos acaben las penurias y podamos ponernos a vacunar como Dios manda y el sentido común exige, que es sin tantas estrecheces.

Más que nada, por acabar algún día de vacunarnos todos y ponernos a buscarnos otras preocupaciones… Sería toda una novedad. Y un gran descanso.

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