Calle Bardales, donde comenzó todo, de madrugada.
Calle Bardales, donde comenzó todo, de madrugada. (Foto: La Crónic@)

A las 5,38 de la mañana de este domingo se recibía aviso telefónico en el 092, informando que salía humo de un establecimiento público ubicado en la calle de Bardales. Al llegar a la zona, los agentes fueron informados por algunos transeúntes que se trataba de tres individuos. En realidad, no se trataba de humo, sino que el trío había vaciado un extintor de incendios en la puerta de dicho establecimiento. Después de comprobó que el extintor lo habían cogido del portal de un inmueble de la misma calle Bardales.

El relato de la patrulla es detallado. Siguiendo sus pasos, alertados por otras personas que se encontraban en la zona, los policías locales se dirigieron tras ellos hacia la calle de Miguel Fluiters. Antes ya tuvieron que corregir el itinerario, al comprobar que se habían empleado a fondo para arrancar y lanzar por la Cuesta del Reloj dos barriles decorativos que hasta este momento se encontraban a la puerta de un bar de la calle del Dr. Mayoral.

Entretenidos en su “rallye” de destrozos, los agentes pudieron ver que estos tres sujetos estaban poco más abajo, en la Plaza de la Virgen de la Antigua, donde se entretenían  en romper los espejos retrovisores de varios de los coches allí estacionados. El recuento de los vehículos no dejan lugar a dudas de su empeño: hasta ocho turismos fueron víctimas de los gamberros en ese céntrico lugar.

Dándose cuenta de la presencia policial, echaron a correr hacia las Casas del Rey, donde los agentes les perdieron el rastro.

El esquinazo no duró demasiado, pues hacia las seis de la mañana, veinte minutos después del primer aviso en Bardales, esos mismos agentes localizaban a los tres jóvenes, que se tomaban un descanso nada menos que en el centro de la calzada frente al Centro de Salud de Manantiales, entre las calles Julián Besteiro y Buenafuente. En su huida hasta el lugar donde fueron detenidos, aún tuvieron tiempo y ganas de romper con un palo el cristal de un kiosco en la calle de Cifuentes, acción que fue presenciada por su propietario.

A pesar de la acreditada capacidad para correr que demostraron, a esas alturas era más notable todavía el evidente estado de embriaguez de los tres, procediendo los agentes a su detención. Identificados, resultaron tener 19, 22 y 23 años.

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