Ascen de Blas, fotografiada en la Librería Alcarreña el 23 de mayo de 2020. (Foto: La Crónic@)
Ascen de Blas, fotografiada en la Librería Alcarreña el 23 de mayo de 2020. (Foto: La Crónic@)

Ha llegado el momento. Hace ya tiempo que lo avisó El Paseante de LA CRÓNICA, en uno de sus artículos durante la pandemia. Y el aviso se ha cumplido: este 30 de junio de 2020 es el último de actividad de la “Librería Alcarreña”, que es lo mismo que decir Ascen y María de Blas detrás del mostrador, tras una pila de periódicos y revistas, flanqueadas por los libros que llenaban las estanterías de su establecimiento.

El que ambas hermanas hayan acreditado poseer el secreto de la eterna juventud, o casi, no ha sido suficiente para que la permanencia de este gran kiosco en planta baja, a cubierto dentro de un local comercial en la calle Miguel Fluiters, se prolongue.

Si el nobel Cela anduviera aún por La Alcarria lo habría lamentado. Ahora, para que Ascen rememore aquellos días en Oslo, a la vera de don Camilo, habrá que buscarla en otros lugares, pero no en su comercio. Y a su hermana, fiel compañera.

Hace semanas, en este mismo diario se escribió lo que sigue, que a partir de mañana no será cierto pero sí igualmente sentido:

De vuelta a la realidad de cada día –que más que nueva realidad es una realidad de medio pelo y de presidiario en tercer grado– Ascen de Blas sigue plantada delante de su librería, papelería, oráculo y remanso aún lleno de esos periódicos en papel que cada día son más difíciles de vender antes de que caduquen. El 30 de junio se va, con los 80 años cumplidos y de la mano de su hermana. Cierra el negocio, que hace tiempo dejó de serlo. Habrá muchos que la echarán de menos, como al café con leche en vaso de caña, corto de café y acompañado de cuatro churros aún calientes, tomado entre funcionarios somnolientos y con las noticias de La 1 bisbiseando desde las alturas, en un televisor al que nadie atiende. 

La historia de Guadalajara se va escribiendo con ausencias.