Augusto González Pradillo.

Según ha podido conocer este periodista, el lunes a las 11 de la mañana se habían generado 377.208 códigos QR para el seguimiento de los clientes de los bares y restaurantes de Castilla-La Mancha. Este día y a esa misma hora, ya eran 7.563 los locales de hostelería de la región que estaban en condiciones de utilizarlo, al haberse instalado en sus dispositivos el programa correspondiente. Más aún: a pesar de no ser obligatorio, 88.596 personas habían usado ya el código QR en algún establecimiento de Castilla-La Mancha el 15 de febrero de 2021, tres días después del inicio de la campaña.

Con todos esos datos por delante, lo que a uno le queda es la inmensa duda de por qué desde la Junta de Comunidades se comunicó, nada más presentar el sistema, que quedaba pospuesta hasta dentro de un mes la obligatoriedad de su aplicación. ¿Acaso no es útil? Y si lo es ¿por qué retrasar sus efectos para el control de la pandemia? ¿Por qué penalizar su eventual éxito transmitiendo la idea de que no hay por qué utilizarlo?

En unos tiempos en que todos los españoles vemos con creciente prevención paranoica todo lo que sea el control informático de nuestra vida privada, es muy revelador el éxito de los códigos QR de Castilla-La Mancha… y muy desconcertante el amago dilatorio de sus responsables. Si nos sometemos gustosos a ello es porque creemos que nos conviene.

Supongamos que detrás de todo esto no hay problemas ocultos o dudas fundadas sobre su funcionamiento. Descartando lo que no conocemos, nos tendremos que quedar con lo evidente: el deseo de muchos miles de entrar, desde ya, en bares y restaurantes con el móvil en la mano, blandiendo el QR para ser escaneado por el camarero de turno. Mejor disposición de ánimo no se van a encontrar las autoridades entre sus administrados, hartos como estamos todos de sufrir esta larga pandemia, que ya nos ha alterado la vida durante un año y agotado nuestra paciencia.

Queremos que el virus se vaya por donde vino. Y si el QR sirve para conseguirlo, que se aplique ya.

A falta de vacunas para todos, usemos por lo menos el sentido común, que ese sí lo podemos encontrar gratis y por todas partes. Y entre los que mandan, se supone que también.

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