Augusto González Pradillo
Augusto González Pradillo

Lo que en tiempos se llamó urbanidad nos ha permitido durante siglos perfeccionar la hipocresía necesaria para vivir en sociedad. Sin la una y sin la otra no seríamos 7.500 millones de humanos en el planeta, puesto que nuestros tatarabuelos se habrían zurrado más y habrían procreado menos.

¿Y qué tiene esto que ver con José Morales?

Decir las verdades al de enfrente siempre ha sido un ejercicio peligroso, sobre todo si los planes que uno lleva dentro no coinciden para nada con lo que le interesa al humano que nos mira a los ojos en ese momento. Pruebe a mentarle al padre o a la madre al primero que se le cruza y no tardará en comprobarlo.

¿Y qué tiene esto que ver con José Morales?

Creen los antropólogos que si nos dábamos la mano hasta que llegó el coronavirus era por una costumbre defensiva: al chocar diestra con diestra, nos asegurábamos que el otro no blandía arma alguna, ya fuera en el Neolítico o en la Calle Mayor. Que en la India no usen de ese gesto tiene más que ver con cómo se limpian el trasero tras cada evacuación y con su hábito de comer con (la otra) mano, no con que la suya sea una civilización menos violenta.

¿ Y qué tiene esto que ver con José Morales?

Una de las formas más consolidadas en nuestra sociedad para conseguir lo que queremos sin llegar a hostiar inevitablemente al prójimo es recurrir a la política. Pueden movernos intereses personales, familiares, de grupo, de clan, de secta, de pueblo, de provincia, de región, de patria, de género o de lo que justifique nuestra ansia de asociar los egoísmos para beneficiarnos de las cosas del común. Incluso, por extraordinario que nos resulte, algunos intentan que los beneficiarios sean siempre los más o los más necesitados.

¿Y esto qué tiene que ver con José Morales?

Pues que con tanto como se ve, a uno le sorprende que todavía haya gentes como José Ángel Morales de la Llana, Jose Morales para el mundo, andando por estos caminos.

A cualquiera que se entretenga conversando con el concejal Morales lo primero que le asalta es la sorpresa de comprobar su habilidad para no encrespar y para no encresparse. Esa es una virtud más importante en estos tiempos, créanme, que su acreditado dominio del inglés.

Jose Morales es un hombre de una amabilidad exquisita con la que consigue, a dedicación completa, mantenerse en su discurso sin ofenderte. Y lo hace, además, sin recurrir a esa hipocresía que al comienzo del artículo marcábamos como norma básica de nuestra convivencia cotidiana. Al hablar, Morales se expresa con corrección semántica y con corrección humana. Incluso cuando zahiere a algún ausente lo hace arropado por la ironía, que amortigua el daño.

Morales es comunista, con carnet desde 2004. También es de Guadalajara. Le van eligiendo como concejal de su ciudad y ha acreditado, tanto con Román como con Rojo, que se puede intentar mejorar lo que es de todos sin renunciar a nada de lo que uno cree.

No debe ser sencillo moverse por la vida con esa sencillez, porque el ejemplo no abunda, tanto dentro como fuera del Ayuntamiento de Guadalajara.

Con menos méritos que él, en 1996 clonaron una oveja. Aquello no valió para mejorar la especie, puesto que “Dolly” murió joven. Pero si hablamos de política, el consejo sería sencillo: o lo clonan o lo imitan… antes de que se extinga.

Tras los méritos contraídos en cuatro delirantes años soportando el invento fallido que fue “Ahora Guadalajara”, en su grupo municipal está como único concejal desde 2019. ¿Será por eso o por todo lo anterior?

Desde que Antonio Román ya no es de este mundo (municipal) se le ha visto desvivirse por colaborar desde la oposición, tanto o más como lo hacía mientras el PP mandaba: fiscalizando y proponiendo, informándose de todo lo posible sin encabritar a los funcionarios ni ponerlos en el disparadero. Esa es la prueba de toque para un concejal, que muchos de los de ahora no aprueban ni aprobarán.

Harían falta muchos más concejales como José Morales, en Guadalajara o en cualquier otro ayuntamiento. Pero ni aunque lo clonaran estaría asegurada su supervivencia.

Venga lo que venga, lo seguro es que José Morales lo recibirá sin aspavientos, entre los aplausos y ladridos de la concurrencia. En eso, también, nos aventaja.

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