Redacción de LA CRÓNICA, en la calle Pintor Antonio del Rincón, de Guadalajara.

La culpa no es del coronavirus. La culpa no es de los lectores. La culpa no es de Internet. La culpa no es de los bancos. La culpa no es de los anunciantes (o de su falta). La culpa no es de nadie, porque no hay culpas que asumir ni que repartir. Los editores de Prensa pueden sobrevivir… sobre todo si cambian los medrosos análisis defensivos por una más firme convicción en su papel y en sus capacidades.

La empresa responsable de este periódico, Faxmedia, pertenece a una de las patronales del sector: la Asociación Española  de Editoriales de Publicaciones Periódicas (AEEPP), que a su vez forma parte de CEOE. En la sede de Príncipe de Vergara se podía ver por pasillos y ascensores a empresarios atildados y de traje, de esos que parecen dar repelús estético a algunos ministros del Gobierno de Pedro Sánchez. Como si España y su futuro se decidiera por una corbata. Afortunadamente, en ese edificio es costumbre hablar con libertad de las cosas más serias, más allá de las apariencias. Desde que el virus nos acompaña, las reuniones se hacen a distancia, con el mismo espíritu.

El periodismo, en su auténtica esencia, no está atado al papel o a las ondas, sino a la verdad. Para eso han pagado los lectores en los kioscos y con ese propósito cada vez más se suscriben a los medios digitales que levantan muros de pago. En LA CRÓNICA nos lo estamos pensando, pero de otra manera. Queremos que los lectores pongan de su parte, pero sin que sea necesario dejar propina en metálico. Cuando la alternativa se materialice serán ustedes tan partícipes de este diario como siempre, con las mínimas molestias posibles. Ya lo verán.

Mientras llega ese momento, nos conformaríamos con conseguir que la publicidad institucional llegara de un modo equitativo a todas las cabeceras. Empezando por el Gobierno de la Nación, que incluso antes de su actual bicefalia ya se olvidaba de los medios regionales y locales; en las últimas campañas lo sigue haciendo, a pesar del empeño reiterado de Arsenio Escolar, el presidente de la antedicha AEEPP, cuyo reciente congreso inauguró el mismísimo Pedro Sánchez. 

Más fácil tendría que ser, incluso, que las Administraciones autonómicas, los ayuntamientos y la diputaciones dejarán de considerar las inserciones publicitarias como dádivas y reconocerlas como lo que son: inversión en transparencia. Si así lo hicieran, no facturarían menos a LA CRÓNICA que a medios con tres, cinco o siete veces menos audiencia, como hasta ahora ha venido ocurriendo. Y las grandes empresas que les bailan el agua a esos mismos políticos y les prestan sus servicios (públicos o privados) podrían reconocer que las notas de prensa que remiten no son casi nunca noticia sino lamentable publicidad encubierta y que, por eso, en esta casa terminan en la papelera del ordenador. Hasta la paciencia tiene un límite, aunque a algunos les sorprenda.

Como parece improbable que el COVID-19, Trump o Putin consigan acabar con la Humanidad a corto plazo, más nos vale defendernos como la sociedad global que somos. En democracia, las decisiones sabias de una mayoría solo pueden alcanzarse si los que votan están bien informados. Conseguir ese improbable objetivo es nuestro oficio, el trabajo que cada día, a cualquier hora, les ofrecemos y nos justifica. Ahí radica nuestra relevancia y por eso continuamos, sin soberbia… pero también sin falsa humildad. 

Estas líneas se escriben el 7 de octubre de 2020, justo cuando termina la celebración del vigésimo aniversario de LA CRÓNICA, que apenas hemos conmemorado por la pandemia y por la coyuntura. Tiempo habrá de compartir con quien nos acompañe las bodas de plata con el lector. Hasta ahí les emplazamos.

Aquí nos vemos. Aquí nos leemos. Aquí soñamos mundos en los que vivir y compartirlo, bien reseñado todo bajo un titular, acompañado por una imagen y con un texto que quien lo firma se lo dedica a usted, en primera persona del singular. 

El futuro de los editores de periódicos es el de todos. El futuro es (también) de los editores de periódicos… o no será, porque será solo el de algunos.

Gracias a todos, por estar al otro lado.

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