Hay noticias que mueren antes de nacer, aunque merecerían no sólo nuestra atención sino la más intensa indignación. Eso es lo que ha ocurrido con este caso, que pasamos a describir del modo más esquemático, comprensible, sucinto y digerible para que hasta el lector más apresurado sepa de qué hablamos:
 

• Han okupado la casa de una mujer de 87 años.

• La señora ha sufrido un ictus, por lo que sus hijos han tenido que trasladarla a una residencia.

• La señora propietaria del piso okupado y que a sus 87 años está limitada por un ictus tiene, a su vez, una hija con síndrome de Down.

• La okupante le robó joyas y dinero después de la patada en la puerta.

• La okupante fue detenida al día siguiente de la okupación y puesta en libertad de inmediato por la Policía, al alegar que tiene una hija pequeña.

• La okupante volvió a la casa okupada.

• La okupante es de origen magrebí, si alguien cree que el dato es relevante y le interesa saberlo. Quien no, que lo omita.

• En la residencia donde han atendido a la señora del ictus quieren que se vuelva a su casa, para recuperarse mejor. Pero no tiene casa, porque se la han robado.

• Los hijos de la señora cortaron la luz del piso, para intentar "sugerir" a la okupante que desokupara. Ésta no ha tenido que puentear nada: la compañía del suministro eléctrico le ha facilitado un contrato, aun no siendo la propietaria. Obviamente, la cerradura también la ha cambiado la nueva inquilina, para defender lo que no es suyo de que otros se lo quiten.

Esto está pasando. En Madrid. En España. En la puerta de al lado.

Que cada cuál valore qué es lo que más le irrita de esta historia y en qué orden. Porque cada uno de nosotros empatizaremos (¡horrible verbo!) más o menos con cualquiera de sus protagonistas. Y mientras, el problema se multiplica, allá por donde mires.

En realidad, lo que a este paseante más le indigna es que noticias como esta no sean noticia. Una puta vergüenza.

P.S: El 11 de diciembre, una empresa contratada por los hijos de la dueña ponen en contacto a la okupa con los servicios sociales, que le facilitan un piso gratuito. Tras volver a entrar en la vivienda, sostienen que hay más efectos personales que han desaparecido de su interior.