Una de las antenas del Observatorio de Yebes.
Una de las antenas del Observatorio de Yebes.

El radiotelescopio de 40 metros de diámetro que el Instituto Geográfico Nacional tiene instalado en Yebes participa en la Red Europea de Interferometría (EVN). Y no solo eso: el que está ubicado en los altos de Alcohete es uno de los más potentes de los 22 que están asociados. Tienen como misión llegar a lo más profundo del Universo. Tan descomunal empeño nos cuesta a los contribuyentes poco más de lo que sería una «propina» en algunos alucinados proyectos privados que han sido noticia reciente.

Para conseguir ese propósito de llegar a lo más oscuro de nuestro Universo sin movernos de aquí, los astrónomos de Yebes participan en el llamado Consorcio de la Infraestructura de Investigación Europea ‘Instituto Conjunto para VLBI’ (JIV-ERIC). Ese larguísimo nombre es incluso más extenuante, ya que en sus siglas se esconde el Joint Institute for Very Long Baseline Interferometry – European Research Infrastructure Consortium.

La importancia de todo esto es que científicos de todo el mundo, en instalaciones repartidas por todo el planeta, han dado forma a un telescopio virtual, el mayor nunca conocido.

La base de este logro es un «potentísimo» centro de supercomputación, capaz de combinar las señales de una red de radiotelescopios y con ello simular observaciones de uno, tan grande como La Tierra en su conjunto, gracias al trabajo de observación perfectamente coordinado.

Primera imagen de un agujero negro.
Primera imagen de un agujero negro.

El sistema ya funcionó para fotografiar un agujero negro

Es un procedimiento ya utilizado para conseguir la primera fotografía de un agujero negro, que también contó con participación española. De hecho, las actividades de JIV-ERIC han sido de importancia no sólo para la primera detección de la sombra de un agujero negro supermasivo sino también para el estudio de las ráfagas ultrarrápidas en ondas de radio y para otros muchos logros recientes de la radioastronomía.

Como ha destacado este martes el Ejecutivo español, con radiotelescopios repartidos por toda Europa, Rusia, China y Sudáfrica, esta red es «una de las mayores instalaciones científicas del mundo». Y cuesta poco participar en ella.

Se utilizan relojes atómicos para sincronizar los radiotelescopios implicados en el momento de la observación a un mismo punto del firmamento. «Combinando todas las observaciones, se obtienen unos datos de altísima precisión que son equivalentes a los que obtendría un radiotelescopio virtual del tamaño del planeta», destacan desde la Administración.

Con sede en Dwingeloo (Países Bajos), JIV-ERIC se ha convertido en un centro de promoción de la innovación y transferencia de tecnología de primer nivel. JIVE alberga el supercomputador-correlador para el procesado de datos de la EVN (Red Europea de Interferometría) ofreciendo asimismo soporte a las operaciones y usuarios de la misma. Su director es el español Francisco Colomer, astrónomo del Instituto Geográfico Nacional (IGN)

«Rebañando» dinero público

El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma), a través del IGN, venía contribuyendo al funcionamiento del JIV-ERIC con 140.000 euros anuales. Ahora ha subido algo su aportación. Pero que nadie piense que no esto se van a comprometer los Presupuestos Generales del Estado o la deuda pública española.

El Consejo rector del consorcio acordó en 2020 aumentar su presupuesto para potenciar sus actividades, de forma que, de 2021 a 2024, la contribución del Ministerio ascenderá a 161.000 euros «en consonancia con las contribuciones de los otros miembros del consorcio». Eso es lo que acaba de acordar el Consejo de Ministros.

Mucho menos dinero del que algunos multimillonarios han dedicado a preparar un cohete privado con el que asomarse más allá de la estratosfera durante unos minutos.

Más información: