Augusto González Pradillo
Augusto González Pradillo

Con buen criterio, El Paseante de LA CRÓNICA se ha negado a salir de Guadalajara en el primer día de libertad colectiva, con el final del cierre perimetral.

Como los lectores de este diario habrán comprobado, al más literario de los colaboradores de esta casa le ha dado por filosofar sobre el tiempo y los toros o por pedir que se arrase el centro de la ciudad, hasta convertirla toda ella en un solar que se pueda reconstruir sin apreturas. El 9 de mayo de 2021 no ha querido mojarse en ninguno de los sentidos de la expresión y no le ha quedado otra a su director que trabajar, pie a tierra y mano al volante.

Acercarse al barrio más grande de Guadalajara, que es Madrid, no ha sido teóricamente posible para el común de los alcarreños desde hace un año. Otra cosa es la realidad y el temor de cada cual ante los eventuales, y escasos, controles. Pero no se podía. O, mejor dicho, no se debía.

Para aguar la fiesta de la libertad, este domingo amaneció cuajadito de nubes de tormenta. Desde la madrugada jarreaba a modo, como es norma y costumbre en la primavera castellana desde la última glaciación.

A pesar de todo, Madrid aguardaba al fondo.

Carretera adelante, todavía sin peaje, el periodista va acompañado por cuatro coches mal contados, con otros tantos optimistas como él. Con el paso de los kilómetros cambian las carrocerías, también las caras de quienes las conducen y permanecen las legañas, que se intuyen en el paso cansino a pesar de lo franca que está la calzada. Y en llegando a Meco… entramos en el más allá.

La A-2 a la altura de Meco, en dirección a Madrid. (Foto: Google Maps)
La A-2 a la altura de Meco, en dirección a Madrid. (Foto: Google Maps)

Ni cambia el aire, ni sube la temperatura ni se rasgan los cielos como cuando aquella célebre crucifixión. Todo sigue igual a un lado y otro de la frontera, como es lógico cuando esa línea es solo consecuencia de una convención humana.

Camino adelante, pasado Torrejón, un avión despega de Barajas. Te alegras de verlo porque eso era lo acostumbrado antes de la nueva normalidad y de esta nueva-nueva normalidad. Pero es, todavía, un espejismo: has visto uno pero no verás ninguno más, ni aterrizando ni despegando.

Tráfico en la Avenida de América, de Madrid, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)
Tráfico en la Avenida de América, de Madrid, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)

Al llegar Avenida de América te rebrota la duda sobre los viajes, al comprobar que el Intercambiador está lleno de anuncios que te animan a visitar Italia. Como si tu bolsillo te lo permitiera. Como si el virus nos dejara hacerlo.

Quieres comprobar en qué ha cambiado Madrid durante el último año de mutua ausencia y todo parece seguir en su sitio y en sus circunstancias. Falta el mendigo del semáforo de la calle Cartagena pero te asalta otro, pulcramente amable, en María de Molina con vistas a Serrano.

Entre chaparrada y chaparrada te adentras, como Jonás, en el estómago de la bestia. Por ser domingo, la ballena ronronea plácida y te deja llegar a destino recontando viandantes: por ahí va un matrimonio camino de la cafetería o de la iglesia, templos ambos llenos de reconfortantes bendiciones; allí, tres pijos como los de antes, incólumes después de la trasnochada; allá, una cuadrilla de turistas errantes y erráticos; acullá, el barrendero que es igual a todos los barrenderos, el taxista hosco, la ciudad que bosteza. Y tú, desde el coche, para contarlo.

Café con porra, en Madrid. (Foto: La Crónic@)
Café con porra, en Madrid. (Foto: La Crónic@)

Lo mejor de Madrid es la comparación con cualquier otra ciudad. Es en la diferencia donde más brilla. ¿En qué otro lugar puedes disfrutar de que te cobren 2 euros por un café servido en un vaso ayuno de lavado junto a una porra aceitosa, triste y dura? Pero te sabe a gloria porque estás una de esas calles donde no te extrañaría cruzarte con El Garbancero del brazo de la Pardo Bazán. Aunque quien te mira es el penúltimo chapero y los guardias de la enésima patrulla, que de policías andan sobradas las calles de la Corte.

Calle Fúcar, en Madrid, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)
Calle Fúcar, en Madrid, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)

Madrid está casi como lo dejaste, lo cual no es necesariamente una buena señal: queda mucho por hacer para reponernos de la pandemia. El hotel que ya estaba cerrado cuando te recluyeron en La Alcarria sigue cerrado, como muchos otros. Al Ritz, en cambio, le han dado un mano de purpurina para subir los precios hasta la estratosfera.

Hotel cerrado en Madrid por la pandemia, un año después. (Foto: La Crónic@)
Hotel cerrado en Madrid por la pandemia, un año después. (Foto: La Crónic@)

Decía El Paseante, que no para de pisar charcos con agua o sin ella, que los libros están muertos y bien muertos. Se lo negaron en redes, pero en Moyano los quiosqueros de la Cuesta lo acreditan desde su resignada parsimonia. Quedan cuatro para cuatro clientes fieles más un puñadito de curiosos y algún que otro turista despistado.

Libros en la Cuesta de Moyanao. Mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)
Libros en la Cuesta de Moyano. Mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)

Lo mejor de este domingo no está en El Prado, apabullado de calor en sus salas entre tinieblas; ni en el Paseo hurtado a los coches, como ya hacía Carmena, para que los peatones se crean poderosos pero solo por un rato; ni en que te regalen la zona azul pero tengas que acogerte a un parking de pago, ante lo imposible de encontrar hueco por ningún lado; ni en el Retiro, pasto de familias bulliciosas; ni en el Jardín Botánico, pura selva melancólica arrasada por la nevada de enero y con su vallado roto y en plena renovación.

Paseo del Prado, con la calzada ocupada por los aún escasos peatones, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)
Paseo del Prado, con la calzada ocupada por los aún escasos peatones, el 9 de mayo de 2021. (Foto: La Crónic@)

Lo mejor de este domingo lo encuentras en el Caixaforum, donde por poco dinero y con poca espera puedes encontrarte con viejos amigos, nacidos hace miles de años.

Exposición en el Caixaforum de Madrid. (Foto: La Crónic@)
Exposición en el Caixaforum de Madrid. (Foto: La Crónic@)

Vamos de culo, es evidente. Pero lo disfrutamos.

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